De nuevo por aquí

De nuevo aquí tras un largo paréntesis. El trabajo, reformas en la casa, un cambio de ordenador y otros factores se han conjuntado para que no haya posteado nada en 5 meses, pero ahora, con las vacaciones de Navidad, y un pequeño periodo de descanso he podido trabajar algo.
En primer lugar, el pequeño taller ha sufrido unas modificaciones que me resultan más cómodas. Como podéis ver en la foto, he colocado, con ayuda de mi padre, una tabla en la pared con unas barras imantadas para sostener las gubias, de forma que estén siempre a mano y sean fáciles de coger. Puede parecer un poco cutre, pero hay que tener en cuenta que la casa es antigua: aún había clavos hundidos en la pared que sostenían las antiguas bisagras de los portones de lo que antes era el pesebre para las bestias, así que hemos aprovechado esos clavos para que se sostenga la tabla. He de decir que esos clavos no los saca ni un dentista con anestesia.
Ahora dispongo de mucho más sitio para todo y estos días de Navidad he aprovechado para hacer varias cosas, por ejemplo, un sonajero:

Con un trozo de la leña que se utiliza normalmente para quemar en este duro invierno, he realizado un ejercicio como el del “Anillo único” pero por triplicado, siguiendo las instrucciones del libro de la otra vez. El resultado es el que veis, y una vez terminado, hubiera preferido dejarlo un poco más delgado.

El anillo único

Siguiendo con los trozos de madera de haya me ha dado por probar algo que ví en el libro “Torneado en madera” de Phil Irons (Editorial Acanto). Se trata de un “anillo cautivo”. Como dice en el libro, es una técnica bastante más sencilla de lo que parece (y es verdad) y que impresiona bastante viendo el resultado final. En el libro utilizan esta técnica para realizar un sonajero, pero yo simplemente he hecho una prueba con un trozo de madera sobrante, haciendo sólo un anillo.
Se trata de realizar hendiduras y luego rasparlas de lado para que al final quede un anillo suelto atrapado en el eje. Como trato de aprender, he seguido las indicaciones del libro y he utilizado un formón oblicuo. Hay que ir con cuidado, pues es una herramienta que proporciona un corte muy pulido si se utiliza bien, pero como pierdas la concentración puedes hacer una cicatriz de aúpa en la madera.
Para raspar los lados del anillo, en el libro utilizan una fina herramienta que puede ser un clavo, pero yo he utilizado el formón con mucha paciencia.
Finalmente, el anillo daba muestras de debilidad hasta que, con el torno parado y una leve presión, se soltó. Entonces tan sólo tuve que rebajar el eje para que tuviera más holgura. El resultado, tras lijarlo y darle una sola capa de aceite, es este:

La verdad es que no sé para qué sirve. Podría acabar siendo un llavero…