De nuevo por aquí

De nuevo aquí tras un largo paréntesis. El trabajo, reformas en la casa, un cambio de ordenador y otros factores se han conjuntado para que no haya posteado nada en 5 meses, pero ahora, con las vacaciones de Navidad, y un pequeño periodo de descanso he podido trabajar algo.
En primer lugar, el pequeño taller ha sufrido unas modificaciones que me resultan más cómodas. Como podéis ver en la foto, he colocado, con ayuda de mi padre, una tabla en la pared con unas barras imantadas para sostener las gubias, de forma que estén siempre a mano y sean fáciles de coger. Puede parecer un poco cutre, pero hay que tener en cuenta que la casa es antigua: aún había clavos hundidos en la pared que sostenían las antiguas bisagras de los portones de lo que antes era el pesebre para las bestias, así que hemos aprovechado esos clavos para que se sostenga la tabla. He de decir que esos clavos no los saca ni un dentista con anestesia.
Ahora dispongo de mucho más sitio para todo y estos días de Navidad he aprovechado para hacer varias cosas, por ejemplo, un sonajero:

Con un trozo de la leña que se utiliza normalmente para quemar en este duro invierno, he realizado un ejercicio como el del “Anillo único” pero por triplicado, siguiendo las instrucciones del libro de la otra vez. El resultado es el que veis, y una vez terminado, hubiera preferido dejarlo un poco más delgado.

Peonza

Al limpiar el taller, desapareció toda la madera almacenada y que estaba destinada a arder en la cocinilla económica. Pero esa leña, tan sólo ha sido trasladada y durante ese proceso, algunos trozos han sido inspeccionados y elevados a la categoría de “candidatos a rodar”. Precisamente el otro día vi un tarugo de madera de “carrasca”, que es como la llaman aquí. Era un trozo bastante cilíndrico, es decir, que pude encontrar los centros bastante bien y no daba impresión de tener nudos. Tan sólo unas ligeras rajas en los extremos, pero que no llegaban al centro, así que no había peligro de que se rompiera.
Resultó que al comenzar a desbastar la corteza, a poca velocidad, estaba bastante dañada, posiblemente por acción de los insectos, poruq salió un polvillo no demasiado normal. En efecto, al parar el torno se podían ver surcos sospechosos, como si fuera una superficie marciana.

Profundizando en la madera, sin embargo, desaparecieron y ese tarugo resultó ser una madera bastante buena de trabajar: dura, compacta y llena de matices. El centro del tarugo era más duro y oscuro aún.

El proceso inicial fue tornear al eje, para desbastar, pero una vez alcanzada una “uniformidad” en el cilindro, realicé una rebaja en uno de los extremos, para poder sujetar la madera al plato de garras “SuperNova” y poder tornear al aire.

Esto me permitió tornear la punta con mayor eficiencia.

Aquí se puede ver el resultado.

PeonzaDetalle de un nudo y las lneas

Se aprecia que las líneas no me han quedado demasiado bien, posiblemente porque las hice a poca velocidad.

 

Vamos a ver: se supone que esto es una peonza, pero para que lo sea realmente, tiene que rodar. Y para que ruede, las peonzas tienen una punta de metal, normalmente un clavo. Creo que esto voy a dejarlo en “réplica de peonza”, porque no quiero estropearla.